Y el porqué sobra en todo esto. Realmente da
lo mismo, nos empeñamos en que todo tiene su explicación, una realidad
que realmente nosotros mismos creamos, y luego viene otro y nos dice que
no, que estábamos equivocados por completo... Y así toda la eternidad. Y
a lo que no tiene explicación, le aplicamos un Dios y con eso nos vale,
al menos de momento. Al igual pasa con esto de sentirnos, lo llamamos
a amor, como si fuera un ente que ahí está, como un Dios que está en
cada rincón, omnipresente: no lo ves pero se supone que ahí está, hasta
que lo hacemos desaparecer porque ya no nos vale, y tajantes afirmamos
que no existe. Y yo, que no creo que en entes divinos, ni en amores
eternos, te diré que creo en ti, como fin último de últimamente todas
mis cosas. Y realmente, me da igual por qué, porque el porqué sobra en
todo esto.